sábado, 15 de agosto de 2015

LA LLUVIA

A través de los cristales
cuando llovía y llovía...
Pero que de los cristales !!
si en mi casa de eso no había !!
Si tronaba o si llovía
tenías que salir al corral
o asomarte a la puerta
si el agua querías ver.

Y yo recuerdo que entonces,
cuando los nublaos venían,
podían ser cuarenta noches
con sus cuarenta días,
aquel agua cochinera tac, tac, tac,
que parecía un reloj con la cuerda a tope dá...
Y estabas ensimismada mirando
el caer del agua y pensando,
"¿Cuándo será que podremos
 salir a la calle a jugar?"
Cuando de pronto venía
por la calle la riá,
y los ojos de chiquilla
no podían abrirse más.
¿Cómo podía ser
que de tan poquita lluvia
bajara la calle abajo
el gran río aquel?
Y entonces
pasaba la diversión,
porque bajaba
junto con el agua aquella,
ramas, palos, y frutas,
que la tormenta arrastró
de arriba de aquellos cerros
que ni siquiera se yo.
 Por eso hoy, cuando lo pienso,
sigo aún asombrada,
de la cantidad de agua
que por la calle bajaba.
 Pero bueno,
 aunque no había cristales,
no dejamos de ver por eso
aquella maravilla los zagales.


Margarita Romero Olmo. 15 - 8 - 2015.

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