jueves, 27 de noviembre de 2014

Si Dios no durmiera tanto.


Anabel querida:
Sé que sobran las palabras.
Porque, ¿qué se le puede decir
a la persona,
esa que acaban de herir,
cuando otra herida hace poco
no le dio tiempo a cerrar?
Lo mejor es, calladita,
darle un abrazo bien fuerte
y la boquita callá.
Porque saldrían palabras
que hasta pueden no gustar
a las personas creyentes
a las personas de altar.
Pero ¿qué pasa con Dios a ratos?
¡No se ve en ningún lugar!
¿O es que se duerme a menudo
y no quiere saber de ná?
Porque menudas faenas
que va el tío dejando atrás.
¿Ha perdío los Sentíos?
¿Ha perdío la razón?
Se lleva a la gente joven
y aquí deja a la mayor.
Tenemos la vida hecha
y, en llegando a cierta edad,
sólo damos que problemas.
Pues, ¡despierta ya de una vez,
empieza por los mayores,
deja a los jóvenes crecer!
¿O te parece bonito
eso que acabas de hacer
con mi querida Anabel?
¡Despierta Dios!
¡Despierta ya de una vez!

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