Aunque por mi padre tengo
verdadera admiración,
a mi madre yo la quiero
con todo mi corazón.
Que eso nadie lo dude
porque no lo hago yo.
Porque ella fue la primera
que por él, tenía adoración.
Y nunca la sentí celosa
de que todos los hermanos
adoraran su persona.
Al contrario,
ella lo engrandecía
haciendo su comentario.
Por eso nos fue creciendo
este bonito querer,
y tengo que agradecerle
que así lo supiera hacer.
Señora María,
yo te seguiré queriendo
hasta el resto de mis días,
porque aunque es verdad
que por él siento admiración,
a usted la sigo llevando
dentro de mi corazón.
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